Durante los dos últimos días los disturbios en el madrileño barrio de Malasaña han sido portada de periódicos, televisiones y radios de toda España (aquí unas muestras El Mundo y El País).
En los medios no está muy claro quién comenzó la trifulca. Unos dicen que los policías cargaron indiscriminadamente contra todo lo que se movía. Y otros reconocen que los hechos comenzaron cuando llegaron a la plaza "grupos de jóvenes organizados buscando jaleo". El resultado fue más de 45 heridos.
En cualquier caso, ambas partes tienen su culpa. Los policías por cargar, y así ha quedado demostrado, contra gente que simplemente pasaba por ahí o que estaba en los bares de la zona, como narran a El País varios testigos. La carga indiscriminada lo único que ha conseguido es empañar la ya maltrecha imagen de la policía, tanto municipal como nacional. Cierto es que el nerviosismo de los municipales al verse cercados y con una llovizna de vidrio sobre sus cabezas no sirve de excusa, pero tampoco es legítimo decir que no ha mediado provocación.
Bien sabido es que por la zona del Dos de Mayo hay grupos de jóvenes que van buscando bronca, pelea, movida, como lo quieran llamar. Ignoro si son grupos de gente antisistema, anarquistas, skin-heads o la ideología que tienen, porque en ocasiones se enfrentan entre sí. Pero sí está claro que ellos, para divertirse, necesitan pelea. El que aquí suscribe fue testigo hace un par de años de cómo, sin venir a cuento, unos cuantos sujetos rompieron la luna de un coche patrulla sin ningún motivo. Plaff, un ladrillo de regalo para los policías. Además las intenciones de algunos quedaban claras: Mayo de 1808, echamos a los franceses, mayo de 2007 echamos a los "maderos". Blanco y en botella... Otro dato:A tres de los detenidos se les sorprendió intentando saquear una tienda, amén de los contenedores quemados, las señales arrancadas y los coches y motos calcinadas.
Pero los policías no se pueden ir de rositas. Algunos de ellos (no todos), golpean indiscriminadamente, rememorando tiempos en los que su uniforme era gris, preguntan después de atizar y se muestran violentos y poco dialogantes. Muchos, además, no han recibido la formación necesaria para tratar en ese tipo de situaciones (como han denunciado sus sindicatos). Pero la escasez de efectivos hace que tengan que salir a la calle, sí o sí. A lo que hay que unir la falta de previsión, tanto del Ayuntamiento como de la Delegación del Gobierno, que viendo la que se había montado el día anterior, no se decidió a aumentar la presencia policial como se hace en este tipo de situaciones.
Por lo tanto, no hay que equivocarse de enemigo. No son los policías, no son los jóvenes que salen de marcha a divertirse. Son los que quieren acabar con ambos.
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