Hace escasos minutos que ha comenzado la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas del 27-M. A partir de ahora nos tendremos que acostumbrar a una ensalada de promesas aderezada con cifras, porcentajes y lemas.
Pero esto es solo al principio, porque a partir del 28-M las promesas se diluirán lentamente con el paso del tiempo. Hoy publica M2, la sección de Madrid del diario El Mundo, que Gallardón ha firmado el "armisticio vecinal", es decir, una serie de actuaciones que se compromete a llevar a cabo entre las que, curiosamente no está una de las más demandas: la retirada de los parquímetros fuera de la M-30. Pero lo curioso de la noticia no está sólo ahí, sino que este tratado lo firmo también hace cuatro años y ha conseguido cumplir un "75% de lo prometido". Un 75% está muy bien, la verdad, pero no es suficiente. Si no puedes cumplir algo (ese 25%), no lo prometas. Así de simple.
Pero en la otra acera las cosas tampoco están muy bien. Una de las primeras propuesta de Miguel Sebastián en una materia tan sensible como el transporte fue la de que Madrid y Barcelona compartieran Abono Transporte. Una gran tontería, porque lo que le interesa a los jóvenes (por cierto, en Madrid, en esta materia, solo se es joven hasta los 21 años), es que les salga más barato el abono, que está un poco por las nubes. Pero posteriormente, y tal y como recoge el programa electoral del PSOE de Madrid, apostó por un "empleo de calidad". Pero cual es mi sorpresa que los propios colaboradores callejeros de Sebastián están contratados en pésimas condiciones. En casa del herrero...
Y qué decir de Aguirre, pues que no se le ocurre otra cosa que inaugurar un hospital antes de tiempo y con material de atrezzo, vamos, que le faltó poco para poner una urna a la salida del hospital para depositar directamente el voto.
Estos son pequeños ejemplos de que "Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río", como decía Nikita Jruschov.
Esperemos que después de las elecciones cada palo aguante su vela.
jueves, 10 de mayo de 2007
miércoles, 2 de mayo de 2007
Disturbios en Malasaña
Durante los dos últimos días los disturbios en el madrileño barrio de Malasaña han sido portada de periódicos, televisiones y radios de toda España (aquí unas muestras El Mundo y El País).
En los medios no está muy claro quién comenzó la trifulca. Unos dicen que los policías cargaron indiscriminadamente contra todo lo que se movía. Y otros reconocen que los hechos comenzaron cuando llegaron a la plaza "grupos de jóvenes organizados buscando jaleo". El resultado fue más de 45 heridos.
En cualquier caso, ambas partes tienen su culpa. Los policías por cargar, y así ha quedado demostrado, contra gente que simplemente pasaba por ahí o que estaba en los bares de la zona, como narran a El País varios testigos. La carga indiscriminada lo único que ha conseguido es empañar la ya maltrecha imagen de la policía, tanto municipal como nacional. Cierto es que el nerviosismo de los municipales al verse cercados y con una llovizna de vidrio sobre sus cabezas no sirve de excusa, pero tampoco es legítimo decir que no ha mediado provocación.
Bien sabido es que por la zona del Dos de Mayo hay grupos de jóvenes que van buscando bronca, pelea, movida, como lo quieran llamar. Ignoro si son grupos de gente antisistema, anarquistas, skin-heads o la ideología que tienen, porque en ocasiones se enfrentan entre sí. Pero sí está claro que ellos, para divertirse, necesitan pelea. El que aquí suscribe fue testigo hace un par de años de cómo, sin venir a cuento, unos cuantos sujetos rompieron la luna de un coche patrulla sin ningún motivo. Plaff, un ladrillo de regalo para los policías. Además las intenciones de algunos quedaban claras: Mayo de 1808, echamos a los franceses, mayo de 2007 echamos a los "maderos". Blanco y en botella... Otro dato:A tres de los detenidos se les sorprendió intentando saquear una tienda, amén de los contenedores quemados, las señales arrancadas y los coches y motos calcinadas.
Pero los policías no se pueden ir de rositas. Algunos de ellos (no todos), golpean indiscriminadamente, rememorando tiempos en los que su uniforme era gris, preguntan después de atizar y se muestran violentos y poco dialogantes. Muchos, además, no han recibido la formación necesaria para tratar en ese tipo de situaciones (como han denunciado sus sindicatos). Pero la escasez de efectivos hace que tengan que salir a la calle, sí o sí. A lo que hay que unir la falta de previsión, tanto del Ayuntamiento como de la Delegación del Gobierno, que viendo la que se había montado el día anterior, no se decidió a aumentar la presencia policial como se hace en este tipo de situaciones.
Por lo tanto, no hay que equivocarse de enemigo. No son los policías, no son los jóvenes que salen de marcha a divertirse. Son los que quieren acabar con ambos.
En los medios no está muy claro quién comenzó la trifulca. Unos dicen que los policías cargaron indiscriminadamente contra todo lo que se movía. Y otros reconocen que los hechos comenzaron cuando llegaron a la plaza "grupos de jóvenes organizados buscando jaleo". El resultado fue más de 45 heridos.
En cualquier caso, ambas partes tienen su culpa. Los policías por cargar, y así ha quedado demostrado, contra gente que simplemente pasaba por ahí o que estaba en los bares de la zona, como narran a El País varios testigos. La carga indiscriminada lo único que ha conseguido es empañar la ya maltrecha imagen de la policía, tanto municipal como nacional. Cierto es que el nerviosismo de los municipales al verse cercados y con una llovizna de vidrio sobre sus cabezas no sirve de excusa, pero tampoco es legítimo decir que no ha mediado provocación.
Bien sabido es que por la zona del Dos de Mayo hay grupos de jóvenes que van buscando bronca, pelea, movida, como lo quieran llamar. Ignoro si son grupos de gente antisistema, anarquistas, skin-heads o la ideología que tienen, porque en ocasiones se enfrentan entre sí. Pero sí está claro que ellos, para divertirse, necesitan pelea. El que aquí suscribe fue testigo hace un par de años de cómo, sin venir a cuento, unos cuantos sujetos rompieron la luna de un coche patrulla sin ningún motivo. Plaff, un ladrillo de regalo para los policías. Además las intenciones de algunos quedaban claras: Mayo de 1808, echamos a los franceses, mayo de 2007 echamos a los "maderos". Blanco y en botella... Otro dato:A tres de los detenidos se les sorprendió intentando saquear una tienda, amén de los contenedores quemados, las señales arrancadas y los coches y motos calcinadas.
Pero los policías no se pueden ir de rositas. Algunos de ellos (no todos), golpean indiscriminadamente, rememorando tiempos en los que su uniforme era gris, preguntan después de atizar y se muestran violentos y poco dialogantes. Muchos, además, no han recibido la formación necesaria para tratar en ese tipo de situaciones (como han denunciado sus sindicatos). Pero la escasez de efectivos hace que tengan que salir a la calle, sí o sí. A lo que hay que unir la falta de previsión, tanto del Ayuntamiento como de la Delegación del Gobierno, que viendo la que se había montado el día anterior, no se decidió a aumentar la presencia policial como se hace en este tipo de situaciones.
Por lo tanto, no hay que equivocarse de enemigo. No son los policías, no son los jóvenes que salen de marcha a divertirse. Son los que quieren acabar con ambos.
domingo, 29 de abril de 2007
Cada libro tiene su época
Tengo una teoría sobre los libros. Hay libros que tienen su propia época para ser leídos, y esa época varía según cada persona.
Un ejemplo personal. Intenté leer Cien Años de Soledad, de García Marquez, hace unos 10 años, con 14-15. Y no pude pasar de las veinte primeras páginas. Me lo habían mandado en el colegio. Y no pude. Se me resistió. Ahora no recuerdo si aprobé la asignatura, el trabajo o lo que fuera. Seguramente sí.
Pero el caso es que lo he vuelto a intentar ahora, diez años después... y prueba superada. Es más, me ha apasionado. Intentaba arañar cada minuto libre para leer e incluso aprovechaba las horas de comer para avanzar un poco más en la maraña de la familia Buendía. Otro tanto me ha pasado con El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. Ahora mismo lo acabo de terminar.
Con esto quiero decir que cada libro tiene su época. Si no puedes con un libro, no te preocupes. Pero no lo olvides. Simplemente apártalo, hazlo a un lado en tu mesilla de noche y espera a que llegue el momento.
Saber cuál es el momento es parte de cada uno. Algo, ya sea una circunstancia externa, un acontecimiento o un reportaje hará que te vuelvas a fijar en él. Y entonces no podrás dejarlo.
Un ejemplo personal. Intenté leer Cien Años de Soledad, de García Marquez, hace unos 10 años, con 14-15. Y no pude pasar de las veinte primeras páginas. Me lo habían mandado en el colegio. Y no pude. Se me resistió. Ahora no recuerdo si aprobé la asignatura, el trabajo o lo que fuera. Seguramente sí.
Pero el caso es que lo he vuelto a intentar ahora, diez años después... y prueba superada. Es más, me ha apasionado. Intentaba arañar cada minuto libre para leer e incluso aprovechaba las horas de comer para avanzar un poco más en la maraña de la familia Buendía. Otro tanto me ha pasado con El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. Ahora mismo lo acabo de terminar.
Con esto quiero decir que cada libro tiene su época. Si no puedes con un libro, no te preocupes. Pero no lo olvides. Simplemente apártalo, hazlo a un lado en tu mesilla de noche y espera a que llegue el momento.
Saber cuál es el momento es parte de cada uno. Algo, ya sea una circunstancia externa, un acontecimiento o un reportaje hará que te vuelvas a fijar en él. Y entonces no podrás dejarlo.
miércoles, 25 de abril de 2007
Bienvenidos
Bienvenidos.
La verdad es que no sabía con qué empezar a escribir esta primera entrada del blog, pero una de mis tías me dio una idea para romper el hielo.
Según ella todos tenemos una lista de personas a las que no conocemos de nada pero que, a la vez, no podemos soportar. Y estoy totalmente de acuerdo. Son personajes, normalmente conocidos, a los que no hemos visto nunca, no hemos cruzado ni una palabra con ellos pero a los que sin embargo, no podemos ni ver.
Ahora mismo no recuerdo a raíz de qué personaje surgió la conversación, pero ahí va el primer integrante de mi lista. Javier Bardem.
Sí, el actor español más de moda (con permiso de Antonio Banderas). No le aguanto. Es más, creo que no he sido capaz de ver entera ni una sola de sus películas. Y algunas tengo muchas ganas de verlas, como Los Lunes al Sol, por ejemplo. Sin embargo, cada vez que sale en pantalla es irremediable, cambio de canal. O cada vez que me dicen "¿vemos una peli?" y me enseñan una de Bardem digo "Uff, qué pereza".
Pero no me ha hecho nada, es más, conocidos míos que a su vez conocen al afectado me aseguran que es un tipo encantador, un sujeto amable, preocupado por los demás. Pero conmigo no tiene nada que hacer. Así que... a la lista de personas que no me han hecho nada, pero que no puedo ni ver. Prometo ir ampliando la lista.
Lista de personas que no me han hecho nada, pero que no soporto
1.- Javier Bardem
La verdad es que no sabía con qué empezar a escribir esta primera entrada del blog, pero una de mis tías me dio una idea para romper el hielo.
Según ella todos tenemos una lista de personas a las que no conocemos de nada pero que, a la vez, no podemos soportar. Y estoy totalmente de acuerdo. Son personajes, normalmente conocidos, a los que no hemos visto nunca, no hemos cruzado ni una palabra con ellos pero a los que sin embargo, no podemos ni ver.
Ahora mismo no recuerdo a raíz de qué personaje surgió la conversación, pero ahí va el primer integrante de mi lista. Javier Bardem.
Sí, el actor español más de moda (con permiso de Antonio Banderas). No le aguanto. Es más, creo que no he sido capaz de ver entera ni una sola de sus películas. Y algunas tengo muchas ganas de verlas, como Los Lunes al Sol, por ejemplo. Sin embargo, cada vez que sale en pantalla es irremediable, cambio de canal. O cada vez que me dicen "¿vemos una peli?" y me enseñan una de Bardem digo "Uff, qué pereza".
Pero no me ha hecho nada, es más, conocidos míos que a su vez conocen al afectado me aseguran que es un tipo encantador, un sujeto amable, preocupado por los demás. Pero conmigo no tiene nada que hacer. Así que... a la lista de personas que no me han hecho nada, pero que no puedo ni ver. Prometo ir ampliando la lista.
Lista de personas que no me han hecho nada, pero que no soporto
1.- Javier Bardem
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