jueves, 10 de mayo de 2007

Políticos: prometer para meter y después de haber metido...

Hace escasos minutos que ha comenzado la campaña electoral de las elecciones municipales y autonómicas del 27-M. A partir de ahora nos tendremos que acostumbrar a una ensalada de promesas aderezada con cifras, porcentajes y lemas.

Pero esto es solo al principio, porque a partir del 28-M las promesas se diluirán lentamente con el paso del tiempo. Hoy publica M2, la sección de Madrid del diario El Mundo, que Gallardón ha firmado el "armisticio vecinal", es decir, una serie de actuaciones que se compromete a llevar a cabo entre las que, curiosamente no está una de las más demandas: la retirada de los parquímetros fuera de la M-30. Pero lo curioso de la noticia no está sólo ahí, sino que este tratado lo firmo también hace cuatro años y ha conseguido cumplir un "75% de lo prometido". Un 75% está muy bien, la verdad, pero no es suficiente. Si no puedes cumplir algo (ese 25%), no lo prometas. Así de simple.

Pero en la otra acera las cosas tampoco están muy bien. Una de las primeras propuesta de Miguel Sebastián en una materia tan sensible como el transporte fue la de que Madrid y Barcelona compartieran Abono Transporte. Una gran tontería, porque lo que le interesa a los jóvenes (por cierto, en Madrid, en esta materia, solo se es joven hasta los 21 años), es que les salga más barato el abono, que está un poco por las nubes. Pero posteriormente, y tal y como recoge el programa electoral del PSOE de Madrid, apostó por un "empleo de calidad". Pero cual es mi sorpresa que los propios colaboradores callejeros de Sebastián están contratados en pésimas condiciones. En casa del herrero...

Y qué decir de Aguirre, pues que no se le ocurre otra cosa que inaugurar un hospital antes de tiempo y con material de atrezzo, vamos, que le faltó poco para poner una urna a la salida del hospital para depositar directamente el voto.

Estos son pequeños ejemplos de que "Los políticos son siempre lo mismo. Prometen construir un puente aunque no haya río", como decía Nikita Jruschov.

Esperemos que después de las elecciones cada palo aguante su vela.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Disturbios en Malasaña

Durante los dos últimos días los disturbios en el madrileño barrio de Malasaña han sido portada de periódicos, televisiones y radios de toda España (aquí unas muestras El Mundo y El País).

En los medios no está muy claro quién comenzó la trifulca. Unos dicen que los policías cargaron indiscriminadamente contra todo lo que se movía. Y otros reconocen que los hechos comenzaron cuando llegaron a la plaza "grupos de jóvenes organizados buscando jaleo". El resultado fue más de 45 heridos.

En cualquier caso, ambas partes tienen su culpa. Los policías por cargar, y así ha quedado demostrado, contra gente que simplemente pasaba por ahí o que estaba en los bares de la zona, como narran a El País varios testigos. La carga indiscriminada lo único que ha conseguido es empañar la ya maltrecha imagen de la policía, tanto municipal como nacional. Cierto es que el nerviosismo de los municipales al verse cercados y con una llovizna de vidrio sobre sus cabezas no sirve de excusa, pero tampoco es legítimo decir que no ha mediado provocación.

Bien sabido es que por la zona del Dos de Mayo hay grupos de jóvenes que van buscando bronca, pelea, movida, como lo quieran llamar. Ignoro si son grupos de gente antisistema, anarquistas, skin-heads o la ideología que tienen, porque en ocasiones se enfrentan entre sí. Pero sí está claro que ellos, para divertirse, necesitan pelea. El que aquí suscribe fue testigo hace un par de años de cómo, sin venir a cuento, unos cuantos sujetos rompieron la luna de un coche patrulla sin ningún motivo. Plaff, un ladrillo de regalo para los policías. Además las intenciones de algunos quedaban claras: Mayo de 1808, echamos a los franceses, mayo de 2007 echamos a los "maderos". Blanco y en botella... Otro dato:A tres de los detenidos se les sorprendió intentando saquear una tienda, amén de los contenedores quemados, las señales arrancadas y los coches y motos calcinadas.

Pero los policías no se pueden ir de rositas. Algunos de ellos (no todos), golpean indiscriminadamente, rememorando tiempos en los que su uniforme era gris, preguntan después de atizar y se muestran violentos y poco dialogantes. Muchos, además, no han recibido la formación necesaria para tratar en ese tipo de situaciones (como han denunciado sus sindicatos). Pero la escasez de efectivos hace que tengan que salir a la calle, sí o sí. A lo que hay que unir la falta de previsión, tanto del Ayuntamiento como de la Delegación del Gobierno, que viendo la que se había montado el día anterior, no se decidió a aumentar la presencia policial como se hace en este tipo de situaciones.

Por lo tanto, no hay que equivocarse de enemigo. No son los policías, no son los jóvenes que salen de marcha a divertirse. Son los que quieren acabar con ambos.